miércoles, 11 de septiembre de 2013

¿Necesitan los editores una política de innovación de nuevos productos?

Se dice que el cambio es la única constante que hay en la vida. Se trata, por tanto, y centrándonos ya en el sector editorial, de una realidad natural, que acontece tanto a los lectores como a las editoriales y a sus productos, que son su principal razón de ser y su contribución a la sociedad.


Normalmente, los cambios proceden de causas externas a la empresa editorial más que por causas internas. La mayoría de los cambios vienen dictaminados por las necesidades de los lectores o compradores de libros y revistas, así como por la actividad de la competencia y los avances técnicos, contribuyendo también, aunque en menor medida, las inquietudes y facultades creadoras del personal de la empresa y de los colaboradores externos, como los distribuidores o los proveedores.

Independientemente de la naturaleza de los cambios, es conveniente que la editorial cuente con una estrategia de gestión de la innovación y del desarrollo de nuevos productos editoriales y que le permita introducirlos con éxito en el mercado. Esta estrategia debería aportar una respuesta rápida y anticipada a la de la competencia si el mercado se encuentra receptivo, o una respuesta oportuna cuando el mercado esté preparado. 

La anticipación debe ser la primera consigna de acción para una editorial. Naturalmente, deberá contar con los recursos humanos y de capital adecuados. En caso de que no los tuviera, es más aconsejable una entrada posterior a las novedades, cuando exista una demanda más definida y unas tecnologías más accesibles. 

Si bien, es preciso señalar que no hay que caer en un excesivo entusiasmo por los cambios: una editorial que se resiste a introducir nuevas líneas editoriales limita su horizonte y su órbita de oportunidades, pero no es mejor la que aprovecha cualquier oportunidad para hacerlo. Hay que tener en cuenta que la editorial que triunfa es la que, siendo sensible al hecho de que los cambios pueden traer oportunidades, se mantiene atenta a aquellas nuevas circunstancias que puedan afectarla, analizándolas, y aceptándolas o rechazándolas no de manera emocional, sino como resultado de una detallada investigación, midiendo sus fuerzas y aceptando un cierto grado de incertidumbre consustancial, inherente a la actividad empresarial y a la introducción de nuevos productos. 

La mejor manera de reducir esa incertidumbre es a través de un buen método, por lo que es importante tener en cuenta una serie de conocimientos, estrategias y técnicas cuyo objetivo sea ayudar a los responsables editoriales a una mejor toma de decisiones.

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