jueves, 28 de julio de 2016

Booktrailers de película


Mi amigo Roberto siempre prefirió ver la película antes de leerse el libro. En esos tan habituales casos en los que un libro se vuelve cine, decía mi amigo que prefería ver primero ese resumen de más o menos tres horas, y luego disfrutar de cada página del libro, encontrando aquello que se quedó, o ni siquiera llegó, a la sala de montaje. Entendiendo los personajes, absorbiendo las tramas, corroborando que lo que se explica bien en cuatrocientas páginas queda medio contado en ciento cincuenta minutos.

Mi madre, mucho más impaciente, dice justo lo contrario. Que se quiere leer primero el libro, por si la historia tiene final sorpresa y le acaba de arruinar veinte horas de lectura por saber cómo acaba la cosa. Disfruta el libro, y luego sufre en el cine.

Eso le pasó a mi amigo Sergio con Éragon. Que sufrió en el cine. Se retorcía en la butaca resoplando, soltando periódicos "buf" y "madre mía" para que a un lado yo, y al otro una, supiéramos en tiempo real de su descontento.

Pudiera parecer que digo esto porque me acabo de comprar un libro del que sé que los derechos han sido vendidos para  hacer la película, pero no es tan simple la cosa.

Aterrizo en este tema por un elemento que se ha manejado a menudo en este blog: el booktrailer.

Algo tienen los booktrailers. Y no hablo del miedo a que le revienten a un el libro entero (como sí pasa en el cine con esos trailers de tres minutos que te ahorran el dinero de una entrada). Hablo de la adaptación de un lenguaje a otro.

Tienen los booktrailers una banda sonora, puede que una locución que lea líneas del libro promocionado. Tienen siempre, cómo no, imágenes. Tienen vídeos, que se suceden a criterio de un montaje, una dirección. Cosas todas ellas que el libro del que hablan no tiene (por lo general, que de todo hay más allá de los libros ilustrados). Y podría ser todo ello motivo de desencuentro entre lo que el vídeo promete pero el libro no cumple.

Sí comparten con los libros, sin embargo, conceptos como tono, o ritmo. Pero... ¿y si no se corresponden? ¿Y si el booktrailer transmite melancolía pero el libro es irónico y ácido?

Todos los booktrailers que traemos aquí son siempre buenos ejemplos de promoción, en los que el libro, aun usando ese otro lenguaje, se presenta a los futuros lectores a través de un mensaje más corto, digerible, que enseña lo que atrae y esconde aquello que nos enamorará. Es sin duda, cuando está bien hecho, una herramienta promocional fabulosa, que debe crearse con detalle para que realmente lo sea. Que nos pone en el tono, en el ánimo, en la intención, y nos lleva a adquirir el libro.

Sólo me queda una duda... ¿preferirá mi amigo Roberto leerse primero el libro, y luego ver el booktrailer?